DETERMINACIÓN DEL PERÍODO CRÍTICO DE COMPETENCIA DE LA FLORA ARVENSE EN DOS CULTIVOS HORTÍCOLAS.

Considerando que el concepto de “mala hierba” no es tanto biológico, sino más bien antropocéntrico, una misma planta en un determinado momento puede resultar mala hierba y esa misma, en otra situación distinta, no serlo. En ese sentido, para realizar un buen manejo de la flora arvense presente en una finca, es interesante conocer todos los parámetros que intervienen en el agroecosistema. Concretamente, es muy importante que conozcamos cuáles son las especies arvenses presentes en la finca y cuándo es el momento idóneo de la escarda, ya que son dos variables que conforman la diversidad ambiental de un agroecosistema. La interferencia cultivo-malezas tiene una gran especificidad local, varía según las especies, los factores ambientales y las prácticas culturales que, a su vez, se ven afectadas por las tradiciones y las modas, la organización social y la economía de los sistemas agrícolas.

El objetivo de este trabajo ha sido facilitar el manejo de las malezas  en dos cultivos hortícolas, concretamente en tomate (Lycopersicon lycopersicum L. Karst ex Farell. Variedad Óptica F1) y cebolla (Allium cepa L. Valenciana tardía de Exportación), dentro del marco de la agricultura ecológica. La finca objeto de ensayo está ubicada en la Puebla del Río, municipio que pertenece a la Comarca de Las Marismas, Sevilla.

Para cumplir este objetivo, hemos determinado el período crítico de competencia de la flora arvense en los cultivos citados, entendiéndolo como el período máximo en que las malezas pueden ser toleradas sin afectar a los rendimientos finales del cultivo, o el punto después del cual el crecimiento de las malezas no afecta al rendimiento final.

Según la metodología prevista para cada uno de los cultivos hortícolas, se ha realizado un diseño de bloques al azar para dos series de siete tratamientos para el cultivo del tomate y ocho para la cebolla, replicados cuatro veces.

Para cada parcela se han catalogado, a nivel de especie, la flora arvense encontrada y se ha realizado un seguimiento de varios parámetros de competitividad. Definitivamente, entre las dos parcelas de ensayo, se catalogaron un total de 33 taxones de flora arvense. De las cuales, 32 especies estuvieron presentes en el ensayo del tomate y 24 en el de la cebolla. Estos taxones se agrupan en un total de 21 familias. La familia que aportó un mayor número de géneros y especies fue Asteraceae, seguida de Brassicaceae y Poaceae. El tipo biológico más abundante fueron terófito erecto y rastrero con un total de 61.54% y 12.82% del total de especies en ambos cultivos, respectivamente. Del total de las especies catalogadas sólo un 12.12% son perennes.

En el ensayo del tomate podemos considerar como agresivas al 34.37% de las especies, de las cuales se destacan como “muy agresivas” dos de ellas, Chenopodium album L. y Amaranthus retroflexus L. El resto de las especies, 65.63%, se consideran poco o nada agresivas.

En el ensayo de la cebolla, se considera que las especies agresivas suponen un 37.5%, de éstas se destacan cuatro de ellas como “muy agresivas”, Portulaca oleracea L., Amaranthus retroflexus L., Amaranthus bliotoides S. Watson y Chenopodium album L. Las especies poco o nada agresivas correspondan al 62.5% restante.

Aparecen siete especies características en suelos nitrificados y cuatro de ellas se han considerado como agresivas anteriormente, Anacyclus radiatus Loisel, Chenopodium album L., Solanum nigrum L. y Sonchus asper (L.) Hill.

Teniendo en cuenta que el trabajo se sitúa dentro del contexto de la Agricultura Ecológica, el único  método utilizado para limpiar de malezas las parcelas ha sido la escarda manual. En cuanto al cultivo, se ha evaluado el grado de cobertura y su estado fenológico en distintos momentos del ciclo, así como el peso total y comercializable del fruto.

Los rendimientos obtenidos se ven afectados por las malezas si no se respeta el período crítico de competencia, pero no se ve afectada la calidad del producto final. Esta reducción de los rendimientos se produce tanto en el tomate como en la cebolla, aunque éstos se ven más afectados en el segundo caso.

Para el cultivo del tomate, se ha considerado un período crítico de competencia de dos semanas, entre la sexta y la octava semana tras el transplante. Durante este tiempo, el cultivo pasó del estado fenológico al de los primeros frutos lechosos.

Para la cebolla, el período crítico de competencia es de seis semanas, entre la segunda y la octava tras el transplante. El estado fenológico del cultivo en este período fue el estado de comienzo del ahijado.

Por último, la valoración económica da idea del ahorro que supone minimizar las escardas realizándolas tan sólo durante el período crítico de competencia, respecto al mantenimiento constante de las parcelas sin malezas. En el tomate este ahorro por hectárea es de 287.411 ptas. y en el ensayo de la cebolla es de 215.550 ptas/ha.