EL INJERTO COMO TÉCNICA DE MEJORA EN VARIEDADES LOCALES CON MANEJO ECOLÓGICO

Desde el origen de la agricultura, el hombre se ha dedicado a seleccionar y mejorar las especies que cultivaba, evolucionando y adaptando sus cultivos al clima y al suelo de cada zona. Así se han ido creando variedades propias de cada localidad y con características específicas, constituyendo parte de la riqueza y del patrimonio de cada pueblo, que han podido llegar a nuestros días gracias al tesón y trabajo de muchas generaciones de agricultores.

Además de ser parte de la cultura de cada pueblo, estas variedades se caracterizan por poseer una enorme diversidad genética al no haber sido sometidas a estrictos programas de mejora, gracias a la cual determinados individuos pueden mantener niveles aceptables de producción ante agresiones del medio; también en ellas se pueden encontrar los genes de resistencia ante determinadas plagas o enfermedades, y constituyen la base de los futuros programas de mejora vegetal. Por ello, cada variedad por sí misma posee un valor incuestionable y constituye una reserva de genes insustituible.

En general, las variedades locales de cualquier especie presentan una mayor calidad organoléptica que las comerciales, principalmente por su mayor intensidad de aromas y sabores. Las variedades comerciales son normalmente más productivas, de aspecto más uniforme y con mejores aptitudes para la conservación, aunque todo ello a costa de la pérdida de sus atributos sensoriales, de un mayor gasto de insumos externos -con el consiguiente coste económico y energético que ello conlleva-, y origen de la irreparable pérdida de la agrodiversidad, enormemente acentuada desde la “Revolución Verde” del pasado siglo. Citando a José Esquinas, máxima autoridad a nivel internacional en la conservación de los recursos fitogenéticos, “la conservación de la biodiversidad en general y de la biodiversidad agraria en particular no es una opción, sino una necesidad imperiosa. Mañana puede ser demasiado tarde”.

Aspectos como la rusticidad y la adaptación al medio hacen a las variedades locales o tradicionales especialmente adecuadas a los sistemas de producción ecológica, que ven reducido así el empleo de insumos tales como los fertilizantes químicos, los pesticidas y el agua. También contribuye a esta idoneidad el hecho de que favorecen la diversidad biológica presente en el agrosistema (uno de los aspectos más destacables de los sistemas de producción ecológica, ya que supone incremento de la estabilidad, reciclado de nutrientes, control biológico de plagas y enfermedades, etc.), no han sido seleccionadas buscando solo la productividad sino usos y calidades específicas, suponen una herencia cultural de gran importancia que no debe desaparecer, devuelven la autonomía a los agricultores, que recuperan el control de una parte de sus cultivos de forma sostenible, y además pueden ofrecer sabores, aromas, formas o colores distintos a los estándares actuales, una calidad organoléptica valorada cada vez más positivamente por los consumidores que desean recuperar valores perdidos u olvidados.

Al igual que el resto de regiones españolas, Castilla-La Mancha posee un amplio patrimonio hortícola fruto de siglos de dedicación a la agricultura, cuya gran diversidad se debe en parte a la gran variedad de condiciones agroclimáticas existentes. De entre todos los cultivos, el más demandado por el consumidor es el tomate, especie hortícola reina y esencial en la dieta mediterránea, alimento muy apreciado por los grandes beneficios que aporta a la salud, fuente de vitamina C y antioxidantes, potentes anticancerígenos útiles para combatir el envejecimiento.

Por todo ello, son numerosos los motivos que llevan a plantearnos la recuperación de estas variedades tradicionales en la industria y en el mercado, y así poder conservar los gustos y culturas de cada zona.

Con el fin de reintroducir en el marco de la agricultura ecológica formas de mejora que conserven los valores tradicionales al margen de las manipulaciones genéticas, se ha recuperado la antigua técnica del injerto, herramienta ampliamente utilizada hoy en día en variedades comerciales pero con escasa o nula proyección en variedades locales de hortícolas a fin de conseguir mejorar sus aspectos menos favorables (menor producción) o permitir su cultivo en terrenos de mala calidad o infestados de agentes patógenos. Este método es menos impactante que la biotecnología transgénica, conocido por los agricultores y socialmente aceptado como técnica de mejora, al contrario que otras alternativas.

Por todo ello, en este trabajo se estudia el efecto de la técnica del injerto en variedades tradicionales de tomate con manejo ecológico, seleccionadas por sus buenas aptitudes organolépticas y adaptación al entorno, con el fin de poder mejorar aquellos aspectos que más negativamente inciden sobre su cultivo, pero sin perder sus cualidades originales.

Las variedades de tomate ensayadas fueron «Tomate Moruno» (SL-62) y «Tomate “Morao” Dulce» (SL-204), ambas sin injertar (testigos) e injertadas sobre los patrones comerciales King-Kong (Rijk-Zwaan), Multifort (De Ruiter) y Spirit (Nunhems), de vigor medio-alto y alta productividad, siguiendo un diseño estadístico de bloques completos al azar con ocho tratamientos. Se incluye además el cultivar comercial Royesta como cultivo de referencia. En el trabajo se describen y analizan aspectos morfológicos de la planta, flor y fruto, así como producción cuantitativa (comercial, no comercial y total, y sus componentes número de frutos y peso unitario), parámetros de calidad de los frutos (físico-químicos y nutricionales), valoraciones de los mismos otorgadas por un panel de cata y conservación post-cosecha (período y pérdida de peso).

Los resultados obtenidos en esta investigación indican que la práctica del injerto incrementa significativamente la producción de las variedades locales al aumentar tanto el número de frutos por planta como el peso unitario de los mismos. Asimismo, favorece la formación de licopeno y b-caroteno en los frutos, importantes antioxidantes naturales, y tiene escaso efecto sobre sus características físico-químicas (color, firmeza, jugosidad, consistencia, materia seca, contenidos en sólidos solubles, pH, acidez total y conductividad eléctrica) y su conservación, independientemente del portainjertos utilizado.

Como conclusión final de este estudio se puede afirmar que el injerto es una técnica válida para alcanzar objetivos de mejora incluso con variedades locales actualmente en cultivo o conservadas en los bancos de germoplasma. Así, con la utilización de esta herramienta las propiedades del material vegetal pueden verse modificadas en un sentido u otro, por lo que con la técnica del injerto se recupera una nueva vía para futuros trabajos de mejora de la biodiversidad cultivada, al margen de la manipulación genética.

Este trabajo se enmarcaría en la línea de investigación sobre recuperación y técnicas de mejora de recursos fitogenéticos en agricultura ecológica que viene desarrollando el equipo autor de este trabajo desde el año 2003.